¿Burbuja 2.0?

Hasta ahora no acostumbraba a verter mis opiniones personales en estos medios, pero entiendo que en algunas ocasiones puede resultar más ameno leer una opinión sobre un determinado tema que un “tostón” jurídico doctrinal.

Se inagura de esa forma la categoría “opinión” de este blog, en la que tendrán cabida temas actuales para fomentar el debate y la discusión respetuosa. Y esta inaguaración se hace con un tema candente que enfrenta dos posturas claramente encontradas: ¿existe o no lo que algunos han venido a denominar la burbuja 2.0?

Pero antes de entrar a valorar las distintas posturas conviene hacer una somera aproximación al significado del término Web 2.0. La Web 2.0 es la nueva era de Internet, era en la que los usuarios toman el control y generan sus contenidos, la era de la blogosfera, de YouTube y de las redes sociales. Las nuevas herramientas en manos de los millones de internaturas han posibilitado su participación activa en esta comunidad global, les permiten opinar sobre productos, sobre empresas, sobre instalaciones turísticas, recomendar o no un restaurante, etc. En definitiva se permite que los usuarios construyan Internet, es el denominado “user generated content”¡La era del poder de los consumidores y usuarios!

¿Realmente es así? Ciertamente es muy positivo que los usuarios puedan expresar sus opiniones sobre un producto o servicio y que se dejen guiar por las experiencias -negativas o positivas- de los demás. También es positivo que cualquiera pueda abrir un blog y hablar de lo que venga en gana (sin ir más lejos, yo mismo lo he hecho). Es también muy útil mantener o retomar el contacto con amigos del colegio y de la universidad a través de las redes sociales. Incluso supone facilitar la labor de los emprendedores que sólo han de limitarse a crear una plataforma que se popularice y sentarse a ver cómo los usuarios van creando los contenidos.

¿Pero cuánto valen esos usuarios de lo que podemos llamar plataformas web 2.0 como activos intangibles? Las últimas noticias indican que las redes sociales como Facebook, Tuenti, LinkedIn, Goupon y Twitter valen muchísimo. Los autodenominados expertos en Internet, conocedores de la Verdad (sí, con mayúscula), auguran un prometedor futuro a la redes sociales y cargan sus tintas –descalificativos incluidos– contra los detractores de la segunda era dorada de la Web. Aseguran que “el valor ahora ya no está en el que produce contenidos sino el que anima a otros a producirlos gratuitamente. Cabría preguntarse si todos esos contenidos son realmente necesarios y útiles para los usuarios. Internet nació como una fuente de información y posibilitó el acercamiento entre personas situadas en distintos puntos del globo. Por desgracia la producción de contenidos originales, la genuina creación intelectual de mayor o menor calado, parece estar penalizada a favor de los meros comentaristas del copia y pega (pinta y colorea). Muchos -tal vez demasiados- usuarios no han sabido utilizar las nuevas herramientas puestas a su disposición para generar un valor añadido real, lo cual supone que tengamos que rebuscar entre montones de basura antes de encontrar información más o menos útil. Los contenidos originales y de calidad han quedado relegados a un segundo plano, algo que tampoco le está gustando a Google.

En cuanto a las redes sociales, a mi parecer, están sobrevaloradas. Es verdad que han empezado a generar interesantes beneficios gracias a la publicidad. También es cierto que permiten una segmentación fabulosa. Pero no es menos cierto que las expectativas de crecimiento ilimitado son una utopía. Las redes sociales tienen que aprender a rentabilizar a esos millones de usuarios y, hasta que inventen otro método que todos están esperando, sólo queda cobrar a los usuarios por usar el servicio o ampararse en los beneficios generados por la publicidad.

En la cultura del todo gratis, el cobro por uso del servicio es una medida tan impopular que acabaría por llevar la empresa al ocaso, sobre todo cuando existen múltiples alternativas gratuitas y teniendo en cuenta que no es viable que seamos miembros de 80 redes sociales diferentes (ej. de red gratis y red de pago por servicios premium son, respectivamente, LinkedIn y Xing).

La publicidad sí puede generar importantes beneficios, pero dudo mucho que llegue a los niveles que justifiquen, por ejemplo, esa valoración de Facebook en 50.000 millones de US$. La política publicitaria de Google fue un éxito -sobre todo al inicio- porque en vez de presentarnos banners de colores y pop-ups molestos, ofrecía el contenido publicitario como un resultado más de la búsqueda. Pero todo tiene un límite. A estas alturas los usuarios ya empiezan a distinguir con mayor facilidad lo que es publicidad de lo que no lo es. Esta “educación” les permite obviar los reclamos publicitarios  con facilidad.

Por último, destacaría dos cosas más:

1.) La llegada de los bancos de inversión a los negocios de Internet fue el penúltimo paso antes del desplome de las punto com hace ya poco más de 10 años.

2.) Algunos proclaman abiertamente que “esta vez es diferente“. Ya avisaban Alberto Lafuente y Ramón Pueyo en su libro Lobos capitalistas que cuando alguien nos dijera “esta vez es diferente“, saliéramos corriendo.

ACTUALIZACIÓN A 27 DE MARZO DE 2011:  Parece ser que el tema está tan de moda que este mismo mes se ha hablado bastante del asunto.

Mientras Warren Buffet cree que las empresas de redes sociales están “sobrevaloradas” hay otras opiniones que meten en el mismo saco a las redes sociales y a las demás empresas tecnológicas alegando que “esta vez es diferente” y negando la burbuja 2.0. Incluso tenemos una noticia que nos advierte que Facebook va a costar más de 200.000 millones de dólares en el año 2015. ¡Especulación, especulación y más especulación! Al final, como siempre, será el tiempo el que nos quitará o nos dará la razón.