Claves para el desarrollo de la carrera del profesional jurídico

En el año 2010 publiqué una entrada sobre salidas profesionales para licenciados/graduados en derecho con intención de recopilar en un artículo breve un resumen muy genérico sobre la materia. Realicé dicha publicación sin mayor pretensión que la de intentar orientar a los alumnos de los últimos cursos de los estudios derecho pues yo, al igual que ellos, me había enfrentado a las mismas dudas y a los mismos miedos.

Han pasado ya algunos años desde que publicara dicha entrada, unos años en los que he tenido ocasión de desarrollarme profesionalmente por caminos inesperados pero en los que siempre he conseguido crecer como jurista y como persona. Será cierto eso que dicen que el paso de los años arrojan una nueva perspectiva sobre la vida.

Por eso he decidido escribir un nuevo artículo relacionado con la materia porque creo que todavía queda mucho que decir sobre las claves de una decisión de tan importante como es a qué nos vamos a dedicar. Al fin y al cabo nuestra actividad laboral ocupa gran parte de nuestro tiempo y ejerce una gran influencia en aspectos de la vida que van más allá del puramente económico.

Estas reflexiones las comparto tras haber respondido a decenas de comentarios en el blog y constituyen consejo personal basado en la propia experiencia, que espero pueda servir de ayuda.

  1. Descubre aquello que te apasione para poder realizarte profesional y personalmente

La primera clave que quiero compartir es la importancia de descubrir aquellos que te apasione. ¿Qué hay que te guste tanto que te interesa seguir estudiándolo y aplicándolo? ¿Por qué elegiste estudiar derecho?

Es comprensible que la coyuntura económica que ha tenido que sufrir nuestra generación fuerce siempre a pensar en dónde habrá más salidas labores, mayor facilidad de encontrar empleo dentro o más allá de nuestras fronteras pero ese no ha de ser el único ni el principal motivo decisión.

¿Qué se te da realmente bien? ¿Qué te diferencia de los demás? Aprovecha exactamente esas capacidades que te diferencian del resto para distinguirte y aportar valor a tu empresa o clientes.

La pasión y la persistencia en lo que hacemos nos puede llevar muy lejos. Hay personas a las que no les gusta la abogacía, pisar sala. ¿Es mejor ser un gran civilista de oficina que un abogado mediocre en sala?

El incremento de la complejidad de la instituciones jurídicas y la tendencia a la especialización es un hecho. En un entorno tan competitivo es más fácil distinguirse en un tema muy concreto. Vuestra experiencia y conocimiento os hará mucho más eficientes en la resolución de problemas permitiendo ajustar los costes.

  1. Nunca es tarde si la dicha es buena 

Aproximadamente el 20% de los comentarios que recibo en el blog en relación al artículo de salidas profesionales se preguntaba si no sería tarde para hacer algo. No, no lo es. Nunca lo es.

No sabes cuánto te queda. Es igual que tengas 25, 30 ó 50 años. Podrías fallecer mañana o dentro de 60 años. No lo sabes. ¿Qué más da la edad que tangas? Procura descubrir qué es lo que te apasiona. Las pasiones se descubren probando. ¿Quieres ejercer? ¡Hazlo! ¿No te gusta? Piensa bien si es algo a lo que te quieres dedicar los próximos ¿30 años? ¿40 años? Si no te gusta, cambia y prueba otra cosa.

  1. Nunca dejes de formarte y reciclarte

Con la rapidez con la que cambian las normas casi podemos decir que salimos con conocimientos derogados de la facultad. Hay que estar al día de las novedades legislativas, de las tendencias jurisprudenciales, de los temas de actualidad que afectan vuestro sector. La formación continua y el reciclaje constante es obligatorio e inevitable.

El proceso de formación y reciclaje puede desarrollarse por varios caminos: desde cursar un máster en gestión empresarial (MBA), aprender un nuevo idioma (¿hindi?, ¿árabe?, ¿polaco?… algo exótico para poder distinguirnos frente a los demás profesionales), hasta leer literatura científica o blogs jurídicos (hay catedráticos que son muy prolíficos en su ritmo de publicación en blogs on-line aportando ideas doctrinales y prácticas muy sólidas). También los cursos del colegio de abogados o en universidades extranjeras (ej. Curso de arbitraje en Londres). Todo suma. 

  1. No tengas miedo a los cambios y sal de tu zona de confort

El profesional jurídico tiene por naturaleza aversión al riesgo. El ser humano tiene tendencia a ser conservador y temer lo desconocido. La vida es cambiante y los cambios en el mundo se producen cada vez a mayor velocidad. Puede no ser agradable, pero es lo que hay. Cuanto antes nos mentalicemos y estemos preparados para afrontar un mundo cambiante, tanto mejor.

La profesión jurídica ha experimentado pocos cambios en los últimos 200 años, pero experimentará más cambios en los próximos 20 años que los últimos 200 y es algo que no nos tiene que pillar con el pie cambiado.

A veces la vida nos ofrece posibilidades para salir de nuestra zona de confort. Cambiar radicalmente de trabajo, mudarnos a otro país, etc. Si no tenemos compromisos familiares que dificulten la operación y perturben la vida de nuestros seres queridos hay que aprovechar esas oportunidades. Cuando salimos de nuestra zona de confort crecemos. Superamos nuestros miedos. Probamos que los límites son sólo aquellos que nos imponemos a nosotros mismos.

  1. Los riesgos son inevitables pero identificables y cuantificables. Por favor, piensa de forma creativa para resolver problemas

Muchas veces el profesional jurídico causa más problemas que los que soluciona. El departamento jurídico de muchas empresas es el cancerbero que impide el paso a un nuevo negocio o proyecto.

Hay que estudiar correctamente el nivel de tolerancia al riesgo para poder desarrollar negocio. A más riesgo mayores oportunidades. No existen operaciones libres de riesgo.

A modo de ejemplo, una conocida firma de consultoría fiscal insistía en un consejo de administración sobre los riesgos de no hacer un estudio imprescindible. Al intentar cuantificar el potencial riesgo sobre el impuesto de sociedades resultó que el riesgo al que se exponía la empresa era un 20% del coste del informe de la consultora.

Para ello es imprescindible que el profesional jurídico entienda a qué se dedica su empresa o cliente, dónde y cómo hace negocio y cuáles son los problemas con los que se encuentra. La tarea ha de ser la de ayudar, no la de entorpecer.

Pero además es importante que el profesional jurídico piense en formas creativas para solucionar problemas. Lo que se puede y lo que no ya lo establecen las normas. El profesional jurídico ha de examinar todas las posibilidades para poder ofrecer soluciones prácticas.