De la desafortunada traducción al castellano del término private equity

Señalan Barthel y Alférez [vid. Barthel, D./Alférez, A., “El mercado del capital riesgo y private equity en España” en Álvarez Arjona, J. M. (dir.), Capital Riesgo (Private Equity). Aspectos Regulatorios, Mercantiles, Financieros, Fiscales y Laborales, Cizur Menor (Navarra), 2006, pág. 39] que la terminología empleada variará en función del mercado del que se esté hablando: mientras la industria anglosajona distingue venture capital y private equity, en España, el término capital-riesgo englobaría ambos tipos de inversión.

Por nuestra parte entendemos desafortunada la trasposición al castellano de la expresión private equity como capital-riesgo sumándonos a una creciente corriente doctrinal, entre otros:

  • Trias Sagnier sostiene que “capital riesgo es una traducción poco afortunada del término inglés venture capital” señalando que “este término suele utilizarse en sentido estricto para denominar las operaciones de financiación de nuevos proyectos empresariales” [vid. Trias Sagnier, M., “La importancia del capital riesgo para el desarrollo económico. Momento actual de la industria”, en Trias Sagnier, M. (coord.), Régimen jurídico y tributario del capital riesgo en España. Entidades y operaciones, Madrid, 2006, pág. 17]
  • Hernández Bengoa considera igualmente que “salvo la parte de la industria enfocada a la financiación de proyectos emergentes, no parece muy adecuado el uso de la acepción «riesgo» como rasgo definitorio de la actividad del private equity”  [vid. , Hernández Bengoa, A., “El capital riesgo en España”, en Trias Sagnier, M. (coord.), Régimen jurídico y tributario del capital riesgo en España. Entidades y operaciones, Madrid, 2006, pág. 34]
  • Álvarez Garrido expone que “el capital-riesgo sigue siendo un gran desconocido (…) tal vez sea por la desafortunada traducción del término venture capital, que en lugar de evocar los orígenes de empresas como Google, Apple y Microsoft, parece evocar un juego de azar” [vid. Álvarez Garrido, E., “El capital riesgo en España: evolución y retos”, en Perspectivas del Sistema Financiero, 2007, nº 89, pág. 1]

Los argumentos que podemos esgrimir para apoyar esta teoría son dos. En primer lugar, un mercado desarrollado impone a la fuerza la necesidad de diferenciar conceptualmente las operaciones realizadas sobre empresas de reciente creación o que se encuentran en un estado embrionario frente a las operaciones llevadas a cabo sobre empresas más maduras cuyos objetivos, requisitos y operativa serán muy diferentes.

Hemos comprobado que existe una dualidad de realidades, empresas en estado embrionario y empresas ya consolidadas, cuyas idénticas necesidades requieren un concepto que las englobe. Estas necesidades no son otras que la búsqueda de financiación por vías alternativas a las tradicionales.

Así las cosas, el término capital-riesgo podría evocar la sensación de que estamos ante una operación de venture capital o lo que en nuestra tradición conocemos por operación de capital-riesgo en sentido estricto, lo cual es erróneo.

En segundo lugar apelaremos al factor psicológico. Para los profanos en la materia, el término capital-riesgo puede inducir a error. Parece ser que transmite la idea que nuestro capital se encuentra en situación de riesgo, una idea no tan descabellada puesto que la primera acepción que propone el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española para la “voz” riesgo es “contingencia o proximidad de un daño. Comenta en ese sentido Trias Sagnier que la palabra “riesgo” sólo recoge el aspecto negativo del término anglosajón venture y no la acepción positiva [vid. Trias Sagnier, M., “La importancia del capital riesgo para el desarrollo económico. Momento actual de la industria”, en Trias Sagnier, M. (coord.), Régimen jurídico y tributario del capital riesgo en España. Entidades y operaciones, Madrid, 2006, pág. 18].

Este error es preocupante porque no toda operación de capital-riesgo supone, valga la redundancia, un riesgo. Teniendo en cuenta la situación económica actual, una situación en la que impera en los mercados la máxima aversión al riesgo, realizar un capital call o intentar captar recursos para un fondo de capital-riesgo puede convertirse en una tarea compleja.

Hasta la fecha nuestra industria ha venido intentando salvar esta compleja situación terminológica –respaldada incluso por la propia legislación- distinguiendo las operaciones de capital-riesgo en sentido estricto en empresas de reciente creación de las adquisiciones apalancadas sobre empresas consolidadas englobando ambas realidades bajo la desafortunada expresión capital-riesgo.

Pero nuestro cometido no sólo ha de consistir en criticar una realidad existente, sino ha de extenderse además a la propuesta de varias soluciones alternativas si optáramos por desechar el término “capital-riesgo”.

 Así pues, si consideramos la traslación al castellano de private equity, ¿qué soluciones podemos proponer?

En artículos posteriores se estudiarán distintas propuestas alternativas.